Primera lectura: Dn 2,31-45
Has sido justo
al enviarnos todos estos males,
al infligirnos todos estos castigos.
Nos entregaste en poder
de enemigos impíos y malvados,
en poder del rey más injusto
y perverso de toda la tierra.
Pero nos hemos quedado sin palabras,
porque la vergüenza y el oprobio
abruman a tus siervos y a tus fieles.
Por tu nombre, te lo pedimos:
no nos abandones para siempre,
no rompas tu alianza,
no nos retires tu amor.
Por Abrahán, tu amigo,
por Isaac, tu siervo,
por Israel, tu consagrado,
a quienes prometiste
descendencia numerosa
como las estrellas del cielo,
como la arena de la orilla del mar.
A causa de nuestros pecados, Señor,
somos hoy el más insignificante
de todos los pueblos
y estamos humillados en toda la tierra.
No tenemos príncipes,
ni jefes, ni profetas;
estamos sin holocaustos, sin sacrificios,
sin poder hacerte ofrendas
ni quemar incienso en tu honor;
no tenemos un lugar
donde ofrecerte las primicias
y poder así alcanzar tu favor.
Pero tenemos un corazón
contrito y humillado;
acéptalo como si fuera
un holocausto de carneros y toros,
de millares de corderos cebados.
Que este sea hoy
nuestro sacrificio ante ti,
y que te sirvamos fielmente,
pues no quedarán defraudados
quienes confían en ti.
Ahora queremos seguirte
con todo el corazón,
queremos serte fieles y buscar tu rostro.
No nos defraudes, Señor;
trátanos conforme a tu ternura,
según la grandeza de tu amor.
Sálvanos con tu fuerza prodigiosa
y muestra la gloria de tu nombre.
Queden en ridículo
los que maltratan a tus siervos;
humilla su poder y destruye su fuerza;
para que sepan que tú, Señor,
eres el único Dios,
glorioso en toda la tierra.
Salmo responsorial: Dn 3,57-61
Obras todas del Señor, bendecid al Señor,
ensalzadlo por siempre con cánticos.
Angeles del Señor, bendecid al Señor,
ensalzadlo por siempre con cánticos.
Cielos, bendecid al Señor,
ensalzadlo por siempre con cánticos.
Aguas del cielo, bendecid al Señor,
ensalzadlo por siempre con cánticos.
Ejércitos todos del Señor,
bendecid al Señor,
ensalzadlo por siempre con cánticos.
Evangelio: Lc 21,5-11
Al oír a algunos que hablaban sobre la belleza de las piedras y exvotos que adornaban el templo, dijo:
-Vendrá un día en que todo eso que veis quedará totalmente destruido; no quedará piedra sobre piedra.
Entonces le preguntaron:
-Maestro, ¿cuándo será eso? ¿Cuál será la señal de que esas cosas están a punto de suceder?
El contestó:
-Estad atentos, para que no os engañen. Porque muchos vendrán usurpando mi nombre y diciendo: «Yo soy, ha llegado la hora». No vayáis detrás de ellos. Y cuando oigáis hablar de guerras y de revueltas, no os asustéis, porque es preciso que eso suceda antes, pero el fin no vendrá inmediatamente.
Les dijo además:
-Se levantará nación contra nación y reino contra reino.
Habrá grandes terremotos y, en diversos lugares, hambres, pestes, apariciones terroríficas y grandes portentos en el cielo.