Primera lectura: Prov 3,27-35

No niegues un favor a quien tenga derecho si está en tus manos concedérselo.
Si tienes, no digas a tu prójimo: «Vuelve otro día, mañana te daré».
No maquines contra tu prójimo, mientras vive a tu lado confiado.
No pleitees con un hombre sin motivo, si no te ha hecho ningún mal.
No envidies al hombre violento, ni imites su conducta,
pues el Señor, aborrece al perverso, y da a los rectos su confianza.
El Señor maldice la casa del malvado y bendice la morada de los justos;
puede burlarse de los arrogantes, pero concede su favor a los humildes.
La herencia de los sabios es el honor, pero los necios acumulan deshonra.

Salmo responsorial: Sal 14,2-5

El que procede con rectitud y se comporta honradamente;
el que es sincero en su interior y no calumnia con su boca.
El que no hace daño a su prójimo, ni agravia a su vecino,
el que mira con desprecio al impío,
y honra a quienes son fieles al Señor.
El que no presta a usura su dinero,
ni acepta soborno contra el inocente.
Quien así procede, vivirá siempre seguro.

Evangelio: Lc 8,16-18

Nadie enciende una lámpara y la tapa con una vasija o la oculta debajo de la cama, sino que la pone en un candelero para que los que entren vean la luz. Porque nada hay oculto que no haya de descubrirse, ni secreto que no haya de saberse y ponerse al descubierto. Prestad atención a cómo escucháis: al que tiene se le dará, y al que no tiene se le quitará incluso lo que cree tener.