Primera lectura: Is 9,1-4
El pueblo que caminaba en tinieblas
ha visto una gran luz;
a los que habitaban en tierra de sombras
una luz les ha brillado.
Has multiplicado su alborozo,
has acrecentado su alegría:
se alegran ante ti con la alegría de la siega,
como se regocijan al repartirse un botín.
Porque, como hiciste el día de Madián,
has roto el yugo que pesaba sobre ellos,
la vara que castigaba sus espaldas,
el bastón opresor que los hería.
He aquí que todo calzado de guerra,
todo manto empapado de sangre,
está siendo quemado, devorado por el fuego.
Salmo responsorial: Sal 26,1.4.13-14
El Señor es mi luz y mi salvación, ¿a quién temeré?
El Señor es mi fortaleza, ¿quién me hará temblar?
Una cosa pido al Señor, sólo eso ando buscando:
vivir en la casa del Señor todos los días de mi vida,
gustar la dulzura del Señor frecuentando su templo.
Espero gozar los bienes del Señor en la tierra de los vivos.
Espera en el Señor, sé fuerte; ten ánimo, espera en el Señor.
Segunda lectura: 1 Cor 1,10-13.17
Os ruego, hermanos, por el nombre de nuestro Señor Jesucristo, que os pongáis de acuerdo para que no haya divisiones entre vosotros, sino que conservéis la armonía en el pensar y en el sentir. Os digo esto, hermanos míos, porque los de Cloe me han informado de que hay discordias entre vosotros. Me refiero a eso que unos y otros andáis diciendo: «Yo soy de Pablo, yo de Apolo, yo de Pedro, yo de Cristo». Pero, ¿es que está dividido Cristo? ¿Ha sido crucificado Pablo por vosotros o habéis sido bautizados en su nombre?
Porque Cristo no me ha enviado a bautizar, sino a evangelizar, y esto sin hacer ostentación de elocuencia, para que no se desvirtúe la cruz de Cristo.
Evangelio: Mt 4,12-23
Al oír Jesús que Juan había sido encarcelado, se volvió a Galilea. Dejó Nazaret y se fue a vivir a Cafarnaún, junto al lago, en la frontera de Zabulón y Neftalí; para que se cumpliera lo anunciado por el profeta Isaías:
Tierra de Zabulón, tierra de Neftalí,
camino del mar, al otro lado del Jordán,
Galilea de los paganos.
El pueblo que habitaba en tinieblas vio una gran luz,
a los que habitaban en una región de sombra de muerte
una luz les brilló.
Desde entonces empezó Jesús a predicar diciendo:
-Arrepentíos, porque está llegando el reino de los cielos.
Paseando junto al lago de Galilea, vio a dos hermanos: Simón, llamado Pedro, y su hermano Andrés, que estaban echando la red en el lago, pues eran pescadores. Les dijo:
-Veníos detrás de mí y os haré pescadores de hombres.
Ellos dejaron al instante las redes y lo siguieron. Más adelante vio a otros dos hermanos: Santiago, el de Zebedeo, y su hermano Juan, que estaban en la barca con su padre Zebedeo, reparando las redes. Los llamó también, y ellos, dejando al punto la barca y a su padre, lo siguieron.
Jesús recorría toda Galilea, enseñando en las sinagogas. Anunciaba la buena noticia del reino y curaba las enfermedades y las dolencias del pueblo.