Primera lectura: Ecl 1,2; 2,21-23
Palabras de Qohélet, hijo de David, rey de Jerusalén.
Vanidad de vanidades, dice Qohélet, vanidad de vanidades; todo es vanidad.
Porque hay quien trabaja con sabiduría, ciencia y acierto, y tiene que dejar su heredad a quien no la ha trabajado. También esto es vanidad y grave daño. Pues, ¿qué le queda al hombre de todos los trabajos y afanes que persiguió bajo el sol? Todos sus días son sufrimiento, disgusto sus fatigas, y ni de noche descansa. También esto es vanidad.
Salmo responsorial: Sal 89,3-6.12-17
Tú haces que el hombre vuelva al polvo,
diciendo: «¡Retornad, hijos de Adán!»
Porque mil años son para ti como un día,
un ayer que ya pasó, una vigilia de la noche.
Los arrebatas, son como un sueño,
como la hierba que brota por la mañana:
brota y florece por la mañana,
y por la tarde ya está marchita y seca.
Enséñanos a calcular nuestros días,
para que adquiramos un corazón sabio.
¿Cuánto tardarás, Señor, en volverte hacia nosotros?
Ten compasión de tus siervos.
Sácianos de tu amor por la mañana,
para que vivamos con alegría y júbilo.
Alégranos tantos días como nos afligiste,
tantos años como conocimos desgracias.
Que tus siervos vean tus acciones,
y tus hijos contemplen tu esplendor.
Que descienda sobre nosotros
la bondad del Señor, nuestro Dios.
Da éxito a todo cuanto hagamos.
Sí, da éxito a todo cuanto hagamos.
Segunda lectura: Col 3,1-5.9-11
Así pues, ya que habéis resucitado con Cristo, buscad las cosas de arriba, donde está Cristo sentado a la derecha de Dios. Pensad en las cosas de arriba, no en las de la tierra. Habéis muerto, y vuestra vida está escondida con Cristo en Dios; cuando aparezca Cristo, vuestra vida, entonces también vosotros apareceréis gloriosos con él.
Destruid, pues, lo que hay de terreno en vosotros: fornicación, impureza, liviandad, malos deseos y codicia, que es una especie de idolatría.
No os engañéis unos a otros; despojaos del hombre viejo y de sus acciones, y revestíos del hombre nuevo que, en busca de un conocimiento cada vez más profundo, se va renovando a imagen de su creador. Ya no existe distinción entre judíos y no judíos, circuncidados y no circuncidados, más y menos civilizados, esclavos y libres, sino que Cristo es todo en todos.
Evangelio: Lc 12,13-21
Uno de entre la gente le dijo:
–Maestro, di a mi hermano que reparta conmigo la herencia.
Jesús le dijo:
–Amigo, ¿quién me ha hecho juez o árbitro entre vosotros?
Y añadió:
–Tened mucho cuidado con toda clase de avaricia; que aunque se nade en la abundancia, la vida no depende de las riquezas.
Les dijo una parábola:
–Había un hombre rico, cuyos campos dieron una gran cosecha. Entonces empezó a pensar: "¿Qué puedo hacer? Porque no tengo donde almacenar mi cosechaâ€. Y se dijo: "Ya sé lo que voy a hacer; derribaré mis graneros, construiré otros más grandes, almacenaré en ellos todas mis cosechas y mis bienes, y me diré: Ahora ya tienes bienes almacenados para muchos años; descansa, come, bebe y pásalo bienâ€. Pero Dios le dijo: "¡Insensato! Esta misma noche vas a morir. ¿Para quién va a ser todo lo que has acaparado?â€. Así le sucede a quien atesora para sí, en lugar de hacerse rico ante Dios.