Primera lectura: Gal 2,18-20

Pero si ahora edifico de nuevo lo que antes destruí, estoy mostrando que entonces fui culpable. Sin embargo, la misma ley me ha llevado a romper con la ley, a fin de vivir para Dios. Estoy crucificado con Cristo, y ya no vivo yo, sino que es Cristo quien vive en mí. Ahora, en mi vida terrena, vivo creyendo en el Hijo de Dios que me amó y se entregó por mí.

Salmo responsorial: Sal 33,3-11

Mi ser se gloría en el Señor,
que los humildes lo oigan y se alegren.
Engrandezcan conmigo al Señor,
ensalcemos juntos su nombre.
Busqué al Señor y él me respondió,
me libró de todos mis temores.
Miren hacia él: quedarán radiantes,
y la vergüenza no cubrirá sus rostros.
Cuando el humilde invoca al Señor, él lo escucha
y lo salva de todas sus angustias.
El ángel del Señor viene a acampar
en torno a sus fieles y los protege.
Gusten y vean qué bueno es el Señor,
dichoso el hombre que se refugia en él.
Respeten al Señor, todos sus devotos,
que nada les falta a quienes lo respetan.
Los ricos se arruinan y pasan hambre,
pero los que buscan al Señor no les falta nada.

Evangelio: Jn 15,1-8

Yo soy la vid verdadera, y mi Padre es el viñador. El Padre corta todas las ramas unidas a mí que no dan fruto y poda las que dan fruto, para que den más fruto. Ustedes ya están limpios, gracias a las palabras que les he comunicado. Permanezcan unidos a mí, como yo lo estoy a ustedes. Ninguna rama puede producir fruto por sí misma, sin permanecer unida a la vid, y lo mismo les ocurrirá a ustedes, si no están unidos a mí.
Yo soy la vid, ustedes las ramas. El que permanece unido a mí, como yo estoy unido a él, produce mucho fruto; porque sin mí no pueden hacer nada. El que no permanece unido a mí, es arrojado fuera, como las ramas que se secan y luego son amontonadas y arrojadas al fuego para ser quemadas.
Si permanecen unidos a mí y mis palabras permanecen en ustedes, pidan lo que quieran y lo tendrán. Mi Padre recibe gloria cuando producen fruto en abundancia, y se manifiestan como discípulos míos.