Primera lectura: Flp 2,5-11
Tengan, pues, los sentimientos que corresponden a quienes están unidos a Cristo Jesús.
El cual, siendo de condición divina, no consideró codiciable el ser igual a Dios. Al contrario, se despojó de su grandeza, tomó la condición de esclavo y se hizo semejante a los hombres. Y en su condición de hombre, se humilló a sí mismo haciéndose obediente hasta la muerte, y una muerte de cruz. Por eso Dios lo exaltó y le dio el nombre que está por encima de todo nombre, para que ante el nombre de Jesús se doble toda rodilla en los cielos, en la tierra y en los abismos, y toda lengua proclame que Jesucristo es Señor, para gloria de Dios Padre.
Salmo responsorial: Sal 21,26-32
El será mi alabanza en la gran asamblea,
cumpliré mis votos en presencia de quienes lo respetan.
Comerán los humildes y se saciarán,
alabarán al Señor los que lo buscan:
«¡Viva su corazón por siempre!».
Al recordarlo retornará al Señor la tierra entera,
todas las naciones se postrarán ante él.
Porque sólo el Señor reina, él gobierna a las naciones.
Sólo ante él se postrarán los grandes de la tierra,
ante él se inclinarán todos los mortales.
Yo viviré para el Señor,
mi descendencia le rendirá culto,
hablarán de él a la generación venidera,
narrarán su salvación a los que nacerán después,
diciendo: «Esto hizo el Señor».
Evangelio: Lc 14,15-24
Uno de los convidados que oyó esto le dijo:
–Dichoso el que pueda participar en el banquete del reino de Dios.
Jesús le respondió:
–Un hombre daba una gran cena e invitó a muchos. A la hora de la cena, envió a su criado a decir a los invitados: «Vengan, que ya está todo preparado». Pero todos, uno tras otro, comenzaron a excusarse. El primero le dijo: «He comprado un campo y necesito ir a verlo; te ruego que me excuses». Otro dijo: «He comprado cinco yuntas de bueyes y voy a probarlas; te ruego que me excuses». Y otro dijo: «Acabo de casarme y, por tanto, no puedo ir». El criado regresó y refirió lo sucedido a su señor. Entonces el señor se irritó y dijo a su criado: «Sal de prisa a las plazas y calles de la ciudad y trae aquí a los pobres y a los inválidos, a los ciegos y a los cojos». Más tarde el criado dijo: «Señor, se hizo como mandaste, y todavía hay sitio». El señor le dijo entonces: «Anda a los caminos y a las veredas y convence a la gente para que entre hasta que se llene mi casa. Pues les digo que ninguno de aquellos que habían sido invitados probará mi cena».