Primera lectura: Rom 11,29-36
Pues los dones y la llamada de Dios son para siempre.
También ustedes eran en otro tiempo rebeldes a Dios, pero ahora, por la desobediencia de los israelitas, han alcanzado misericordia. De igual modo, ellos son ahora rebeldes debido a la misericordia que Dios ha concedido a ustedes, para que también ellos obtengan misericordia. Porque Dios ha permitido que todos seamos rebeldes para tener misericordia de todos.
¡Oh profundidad de la riqueza, de la sabiduría y de la ciencia de Dios! ¡Nadie puede explicar sus decisiones ni comprender sus caminos! Porque:
¿Quién conoce
el pensamiento del Señor?
¿Quién ha sido su consejero?
¿Quién le ha prestado algo
para pedirle que se lo devuelva?
De él, por él y para él son todas las cosas. A él la gloria por siempre. Amén.
Salmo responsorial: Sal 68,30-37
Pero a mí, humilde y afligido,
que tu salvación, oh Dios, me restablezca.
Yo alabaré el nombre de Dios con cantos,
proclamaré su grandeza dándole gracias;
esto agradará al Señor más que un toro,
más que un novillo con cuernos y pezuñas.
Véanlo ustedes, los humildes, y alégrense,
recobren el ánimo, los que buscan a Dios.
Porque el Señor escucha a los necesitados,
y no rechaza a sus cautivos.
¡Que lo alaben los cielos y la tierra, el mar y cuanto en él vive!
Dios salvará a Sión, reconstruirá las ciudades de Judá:
habitarán en ellas y las poseerán;
las heredará la descendencia de sus siervos,
los que aman su nombre vivirán en ellas.
Evangelio: Lc 14,12-14
Y al que le había invitado le dijo:
–Cuando des una comida o una cena, no invites a tus amigos, hermanos, parientes o vecinos ricos; no sea que ellos a su vez te inviten a ti, y con eso quedes ya pagado. Más bien, cuando des un banquete, invita a los pobres, a los lisiados, a los cojos y a los ciegos. ¡Dichoso tú si no pueden pagarte! Recibirás tu recompensa cuando los justos resuciten.