: Is 2,1-5
Cuando se manifieste el Hijo del hombre sucederá lo mismo que en tiempos de Noé. En los días anteriores al diluvio, la gente comía y bebía, hombres y mujeres se casaban, hasta el día en que entró Noé en el arca; y no sospechaban nada hasta que vino el diluvio y los arrastró a todos. Pues así será también la venida del Hijo del hombre. Entonces, de dos que haya en el campo, a uno lo tomarán y a otro lo dejarán. De dos que estén moliendo, a una la llevarán y a otra la dejarán. Estén pues atentos, porque no saben qué día llegará su Señor.
: Sal 121,1-9
Me alegré cuando me dijeron: «Vamos a la casa del Señor».
Nuestros pies ya pisan tus umbrales, Jerusalén.
Jerusalén está construida como ciudad bien trazada;
allá suben las tribus, las tribus del Señor,
para dar gracias al nombre del Señor según la costumbre de Israel.
Porque allí están los tribunales del palacio de David,
los tribunales donde se administra la justicia.
Rueguen por la paz de Jerusalén: ¡Vivan en paz los que te aman!
¡Reine la paz dentro de tus muros, la prosperidad en tus palacios!
Por amor a mis hermanos y amigos, diré: «¡La paz contigo!».
¡Por la casa del Señor, nuestro Dios, buscaré tu felicidad.
: Rom 13,11-14
Conociendo, además, el tiempo que nos ha tocado vivir, ya es hora que despierten del sueño, pues nuestra salvación está ahora más cerca de nosotros que cuando empezamos a creer. La noche está muy avanzada y el día se acerca; despojémonos, pues, de las obras de las tinieblas y revistámonos de las armas de la luz. Portémonos con dignidad, como quien vive en pleno día. Nada de comilonas y borracheras; nada de lujuria y libertinaje; nada de envidias y rivalidades. Por el contrario, revístanse de Jesucristo, el Señor, y no fomenten sus desordenados apetitos.