Lectura
del día: 24 de Marzo de 2026
Los israelitas partieron del monte Hor camino del mar de las cañas, rodeando el territorio de Edom. En el camino, el pueblo comenzó a impacientarse y a murmurar contra el Señor y contra Moisés, diciendo:
-¿Por qué nos habéis sacado de Egipto para hacernos morir en este desierto? No hay pan ni agua, y estamos ya hartos de este pan tan liviano.
El Señor envió entonces contra el pueblo serpientes muy venenosas que los mordían. Murió mucha gente de Israel, y el pueblo fue a decir a Moisés:
-Hemos pecado al murmurar contra el Señor y contra ti. Pide al Señor que aleje de nosotros las serpientes.
Moisés intercedió por el pueblo, y el Señor le respondió:
-Hazte una serpiente de bronce, ponla en un asta, y todos los que hayan sido mordidos y la miren quedarán curados.
Moisés hizo una serpiente de bronce y la puso en un asta. Cuando alguno era mordido por una serpiente, miraba a la serpiente de bronce y quedaba curado.
Señor, acoge mi oración, llegue hasta ti mi súplica;
no me ocultes tu rostro cuando estoy angustiado,
escúchame cuando te invoco, respóndeme en seguida.
Los paganos honrarán tu nombre, Señor,
y todos los reyes de la tierra tu gloria;
porque tú, Señor, reconstruirás Sión y manifestarás así tu gloria,
atenderás la súplica del desvalido y no rechazarás su oración.
Que se escriba todo esto para la generación venidera,
para que el pueblo que va a nacer alabe al Señor;
pues el Señor miró desde su excelso santuario,
desde los cielos se fijó en la tierra.
para atender los lamentos de los cautivos,
y liberar a los condenados a muerte.
De nuevo les dijo Jesús:
-Yo me voy. Me buscaréis, pero moriréis en vuestro pecado. Vosotros no podéis venir a donde yo voy.
Los judíos comentaban entre sí:
-¿Pensará suicidarse y por eso dice: «Vosotros no podéis venir a donde yo voy»?
Entonces Jesús declaró:
-Vosotros sois de abajo, yo soy de arriba; vosotros pertenecéis a este mundo, yo no. Por eso os dije que moriríais en vuestros pecados. Porque si no creéis que yo soy, moriréis en vuestros pecados.
Entonces ellos le preguntaron:
-Pero, ¿quién eres tú?
Jesús les respondió:
-Precisamente es lo que os estoy diciendo desde el principio. Tengo muchas cosas que decir y condenar de vosotros. Pero lo que yo digo al mundo es lo que oí de aquél que me envió y él dice la verdad.
Ellos, no obstante, no cayeron en la cuenta de que les estaba hablando del Padre. Por eso Jesús añadió:
-Cuando levantéis en alto al Hijo del hombre, entonces reconoceréis que yo soy. Yo no hago nada por mi propia cuenta; solamente enseño lo que aprendí del Padre. El que me envió está conmigo y no me ha dejado solo, porque yo hago siempre lo que le agrada.
Al oírle hablar así, muchos creyeron en él.
|