Lectura
del día: 21 de Marzo de 2026
El Señor todopoderoso me lo hizo saber y comprendí. Entonces me hiciste descubrir sus maquinaciones. Yo era como un cordero manso llevado al matadero; no sabía lo que tramaban contra mí. «¡Destruyamos el árbol cuando aún tiene savia, arranquémosle de la tierra de los vivos, y que no se mencione más su nombre!»
Pero tú, Señor todopoderoso,
juzgas rectamente,
y examinas los pensamientos e intenciones;
haz que yo pueda ver tu venganza sobre ellos,
porque a ti he confiado mi causa.
Señor, Dios mío, en ti busco refugio,
sálvame de todos mis perseguidores, líbrame;
no sea que me destrocen como leones,
de cuyas fauces nadie puede escapar.
¡El Señor es el juez de las naciones!
Júzgame, Señor, según mi rectitud,
según la inocencia que hay en mí.
Que cese la maldad de los malvados;
da tu apoyo al inocente,
tú que examinas el corazón y las entrañas,
tú que eres un Dios justo.
Dios es mi escudo, él salva a los honrados.
Dios es un juez justo, siempre alerta para el castigo.
Al oír a Jesús manifestarse de este modo, algunos afirmaban:
-Seguro que éste es el Profeta.
Otros decían:
-Este es el Mesías.
Otros, por el contrario:
-¿Acaso va a venir el Mesías de Galilea? ¿No afirma la Escritura que el Mesías tiene que ser de la familia de David y de su mismo pueblo, de Belén?
Había, pues, una gran división de opiniones acerca de Jesús.
Algunos querían detenerlo, pero nadie se atrevió a ponerle la mano encima. Los guardias fueron donde estaban los jefes de los sacerdotes y los fariseos, y éstos les preguntaron:
-¿Por qué no lo habéis traído?
Los guardias contestaron:
-Nadie ha hablado jamás como lo hace este hombre.
Los fariseos les replicaron:
-¿También vosotros os habéis dejado seducir? ¿No os dais cuenta de que ninguno de nuestros jefes ni los fariseos han creído en él? Lo que ocurre es que esta gente, que no conoce la ley, se halla bajo la maldición.
Uno de ellos, Nicodemo, el mismo que en otra ocasión había ido a ver a Jesús, intervino y dijo:
-¿Acaso nuestra ley permite condenar a alguien sin haberle oído previamente para saber lo que ha hecho?
Los otros le replicaron:
-¿También tú eres de Galilea? Investiga las Escrituras y llegarás a la conclusión de que los profetas jamás han surgido de Galilea.
Cada uno se marchó a su casa.
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