Lectura
del día: 19 de Marzo de 2026
Pero aquella misma noche el Señor dirigió esta palabra a Natán:
-Ve a decir a mi siervo David: Esto dice el Señor: Cuando hayas llegado al final de tu vida y descanses con tus antepasados, mantendré después de ti un descendiente salido de tus entrañas y consolidaré su realeza. El edificará una casa en mi honor y yo mantendré para siempre su realeza. Seré para él un padre y él será para mí un hijo.
Tu dinastía y tu realeza subsistirán para siempre ante mí, y tu trono será estable para siempre.
Cantaré eternamente el amor del Señor,
anunciaré por siempre tu fidelidad,
proclamaré: «tu amor está consolidado para siempre,
tu fidelidad está firme en los cielos».
He sellado una alianza con mi elegido,
he jurado a mi siervo David:
«Afirmaré tu descendencia para siempre,
consolidaré tu trono por todas las edades».
El me dirá: Tú eres mi padre,
mi Dios, la roca que me salva».
Mi amor hacia él será eterno, y mi alianza con él, firme.
Cuando Dios prometió a Abrahán y a su descendencia que heredarían el mundo, no vinculó la promesa a la ley, sino a la fuerza salvadora de la fe. Ahora bien, si los herederos lo fueran en virtud de la ley, entonces la fe resultaría ineficaz y vana la promesa. Toda ley trae consigo su sanción, pero donde no hay ley tampoco puede haber incumplimiento de la ley. Por eso la herencia depende de la fe, es puro don, de modo que la promesa se mantenga segura para toda la descendencia de Abrahán, descendencia que no es sólo la que procede de la ley, sino también la que procede de la fe de Abrahán. El es el padre de todos nosotros, como dice la Escritura: Te he constituido padre de muchos pueblos; y lo es ante Dios en quien creyó, el Dios que da vida a los muertos y llama a la existencia a las cosas que no existen.
Abrahán creyó contra toda esperanza que sería padre de muchos pueblos, según le había sido prometido: Así será tu descendencia. Lo cual le fue tenido en cuenta para obtener la salvación.
Y Jacob engendró a José, el esposo de María, de la cual nació Jesús, llamado Mesías.
El nacimiento de Jesús, el Mesías, fue así: su madre María estaba prometida a José y, antes de vivir juntos, resultó que esperaba un hijo por la acción del Espíritu Santo. José, su esposo, que era justo y no quería denunciarla, decidió separarse de ella en secreto. Después de tomar esta decisión, el ángel del Señor se le apareció en sueños y le dijo:
-José, hijo de David, no temas aceptar a María como tu esposa, pues el hijo que espera viene del Espíritu Santo. Dará a luz un hijo, y le pondrás por nombre Jesús, porque él salvará a su pueblo de los pecados.
Cuando José se despertó del sueño, hizo lo que el ángel del Señor le había mandado: recibió a su esposa.
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