Lectura del día: 17 de Marzo de 2026 




Primera Lectura : Ez 47,1-9.12

Después me llevó a la entrada del templo, y vi que debajo del umbral, por el lado oriental hacia el que mira la fachada del templo, brotaba una corriente de agua. El agua descendía por el lado derecho del templo hasta la parte sur del altar. Me hizo salir por el pórtico norte y dar la vuelta por fuera hasta el pórtico exterior que mira hacia oriente, y vi que las aguas fluían desde el costado derecho. El hombre salió en dirección este con un cordel en la mano, midió quinientos metros y me hizo atravesar el agua, que me llegaba hasta los tobillos; midió otros quinientos metros y me hizo atravesar el agua, que me llegaba hasta las rodillas; midió todavía otros quinientos metros y me hizo atravesar el agua, que me llegaba hasta la cintura; midió, por fin, otros quinientos metros y la corriente de agua era ya un torrente que no pude atravesar, pues había crecido hasta el punto de que sólo a nado se podía atravesar. Entonces me dijo:
-¿Has visto, hijo de hombre?
Después me hizo volver a la orilla del torrente, y al volver vi que junto al torrente en las dos orillas había muchos árboles. Y me dijo:
-Estas aguas fluyen hacia oriente, bajan al Arabá, y desembocan en el mar Muerto, cuyas aguas quedarán saneadas. Por donde pase este torrente, todo ser viviente que en él se mueva vivirá. Habrá abundancia de peces, porque las aguas del mar Muerto quedarán saneadas cuando llegue este torrente. Junto a los dos márgenes del torrente crecerá toda clase de árboles frutales; sus hojas no se marchitarán ni sus frutos se acabarán. Cada mes darán frutos nuevos, porque las aguas que los riegan manan del santuario. Sus frutos servirán de alimento y su follaje de medicina.

Salmo : Sal 45,2-9

Dios es nuestro refugio y fortaleza,
nuestro auxilio permanente en la desgracia.
Por eso no tememos, aunque tiemble la tierra
y los cimientos de los montes se desplomen en el mar;
aunque sus aguas bramen y se agiten
y los montes sacudidos retiemblen.
El Señor todopoderoso está con nosotros,
nuestro baluarte es el Dios de Jacob.
Los canales de un río alegran la ciudad de Dios,
sacrosanta morada del Altísimo.
Dios está en medio de ella, no puede sucumbir;
Dios la socorre al despuntar la aurora.
Braman las naciones, se conmueven los reinos:
alza él su voz, y la tierra se derrite.
El Señor todopoderoso está con nosotros,
nuestro baluarte es el Dios de Jacob.
Venid a ver las obras del Señor,
los prodigios que hace en la tierra.

Evangelio : Jn 5,1-3.5-16

Después de esto, Jesús volvió a Jerusalén para celebrar una de las fiestas judías. Hay en Jerusalén, cerca de la puerta llamada de las Ovejas, un estanque conocido con el nombre de Betesda, que tiene cinco soportales. En estos soportales había muchos enfermos recostados en el suelo: ciegos, cojos y paralíticos. Había entre ellos un hombre que llevaba treinta y ocho años inválido. Jesús, al verlo allí tendido, y sabiendo que llevaba mucho tiempo, le preguntó:
-¿Quieres curarte?
El enfermo le contestó:
-Señor, no tengo a nadie que me introduzca en el estanque cuando se mueve el agua. Cuando quiero llegar yo, otro se me ha adelantado.
Entonces Jesús le ordenó:
-Levántate, toma tu camilla y vete.
En aquel instante, el enfermo quedó curado, tomó su camilla y comenzó a andar.
Aquel día era sábado.
Los judíos se dirigieron al que había sido curado y le dijeron:
-Hoy es sábado y no te está permitido llevar al hombro tu camilla.
El respondió:
-El que me curó me dijo: «Toma tu camilla y vete».
Ellos le preguntaron:
-¿Quién es ese hombre que te dijo: «Toma tu camilla y vete»?
Pero él no lo conocía ni sabía quién lo había curado, pues Jesús había desaparecido entre la muchedumbre que se había reunido allí. Más tarde, Jesús se encontró con él en el templo, y le dijo:
-Has sido curado, no vuelvas a pecar más, pues podría sucederte algo peor.
El hombre fue a informar a los judíos de que era Jesús quien lo había curado. Jesús hacía obras como ésta en sábado; por eso lo perseguían los judíos.

 
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