Lectura
del día: 17 de Septiembre de 2025
Te escribo esto con la esperanza de ir a verte pronto, pero, por si tardo, quiero que sepas cómo hay que portarse en la casa de Dios, que es la Iglesia del Dios vivo, columna y fundamento de la verdad. Es grande sin duda el misterio de nuestra religión:
Cristo se ha manifestado como hombre mortal,
el Espíritu ha dado testimonio de él,
los ángeles lo han contemplado,
ha sido predicado entre las naciones,
creído en el mundo,
elevado por Dios gloriosamente.
¡Aleluya!
Doy gracias al Señor con todo el corazón,
en la reunión de los honrados y en la asamblea.
Grandes son las obras del Señor,
dignas de estudio para los que las aman.
Sus portentos son espléndidos y majestuosos,
su salvación permanece para siempre.
Ha hecho maravillas memorables,
el Señor es compasivo y misericordioso.
Da alimento a los que le honran,
acordándose siempre de su alianza.
Mostró a su pueblo el poder de sus obras,
dándole la heredad de los paganos.
Y añadió:
-¿Con quién compararé a los hombres de esta generación? ¿A quién se parecen? Se parecen a esos muchachos que se sientan en la plaza y, unos a otros, cantan esta copla: «Os hemos tocado la flauta y no habéis danzado; os hemos entonado lamentaciones y no habéis llorado». Porque vino Juan el Bautista, que no comía ni bebía, y dijisteis: «Está endemoniado». Viene el Hijo del hombre, que come y bebe, y decís: «Ahí tenéis a un comilón y a un borracho, amigo de los publicanos y pecadores». Pero la sabiduría ha quedado acreditada por todos los que son sabios.
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