Lectura
del día: 12 de Septiembre de 2025
Pablo, apóstol de Jesucristo, según el mandato de Dios, nuestro Salvador, y de Jesucristo, nuestra esperanza, a Timoteo, mi verdadero hijo en la fe: gracia, misericordia y paz de parte de Dios Padre y de nuestro Señor Jesucristo.
Doy gracias a nuestro Señor Jesucristo, que me ha fortalecido, porque me ha juzgado digno de confianza al encomendarme el ministerio. A mí, que primero fui blasfemo, perseguidor y violento, y que hallé misericordia, porque lo hacía por ignorancia estando fuera de la fe. Pero la gracia de nuestro Señor se ha desbordado con la fe y el amor que me ha dado Cristo Jesús.
Protégeme, oh Dios, que me refugio en ti.
Yo digo al Señor: «Tú eres mi dueño, mi único bien;
nada hay comparable a ti».
Tú, Señor, eres mi copa y el lote de mi heredad,
mi destino está en tus manos.
Bendeciré al Señor que me aconseja,
¡hasta de noche instruye mi conciencia!
Tengo siempre presente al Señor:
con él a mi derecha jamás sucumbiré.
Me enseñarás la senda de la vida,
me llenarás de gozo en tu presencia,
de felicidad eterna a tu derecha.
Les puso también este ejemplo:
?¿Puede un ciego guiar a otro ciego? ¿No caerán ambos en el hoyo? El discípulo no es más que su maestro, pero el discípulo bien formado será como su maestro. ¿Cómo es que ves la mota en el ojo de tu hermano y no adviertes la viga que hay en el tuyo? ¿Y cómo puedes decir a tu hermano: «Hermano, deja que te saque la mota que tienes en el ojo», cuando no ves la viga que hay en el tuyo? Hipócrita, saca primero la viga de tu ojo, y entonces verás bien para sacar la mota del ojo de tu hermano.
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