Lectura
del día: 2 de Abril de 2026
El Señor dijo a Moisés y a Aarón en Egipto:
-Este mes será para vosotros el más importante de todos, será el primer mes del año. Decid a toda la asamblea de Israel: Que el día décimo de este mes se procure cada uno un cordero por familia, uno por casa. Si la familia es demasiado pequeña para comerlo entero, que invite a cenar en su casa a su vecino más próximo, según el número de personas y la porción de cordero que cada cual pueda comer. Será un animal sin defecto, macho, de un año; podrá ser cordero o cabrito. Lo guardaréis hasta el día catorce de este mes, y toda la comunidad de Israel lo inmolará al atardecer. Luego untarán con la sangre las jambas y el dintel de la puerta de las casas en que vayan a comerlo. Lo comerán esa noche asado al fuego, con panes ácimos y hierbas amargas.
Y lo comeréis así: la cintura ceñida, los pies calzados, bastón en mano y a toda prisa, porque es la pascua del Señor. Esa noche pasaré yo por el país de Egipto y mataré a todos sus primogénitos, tanto de hombres como de animales. Así ejecutaré mi sentencia contra todos los dioses de Egipto. Yo, el Señor. La sangre servirá de señal en las casas donde estéis; al ver yo la sangre, pasaré de largo y, cuando yo castigue a Egipto, la plaga exterminadora no os alcanzará. Este día será memorable para vosotros y lo celebraréis como fiesta del Señor, institución perpetua para todas las generaciones.
¿Cómo pagaré al Señor todo el bien que me ha hecho?
Levantaré la copa de la salvación invocando su nombre.
Cumpliré mis promesas al Señor en presencia de todo el pueblo.
El Señor siente profundamente la muerte de los que lo aman.
Señor, soy tu siervo, hijo de tu esclava: rompiste mis ataduras.
Te ofreceré un sacrificio de acción de gracias invocaré tu nombre;
cumpliré mis promesas al Señor en presencia de todo el pueblo.
Por lo que a mí toca, del Señor recibí la tradición que os he transmitido, a saber, que Jesús, el Señor, la noche en que iba a ser entregado, tomó pan y, después de dar gracias, lo partió y dijo: «Esto es mi cuerpo entregado por vosotros; haced esto en memoria mía». Igualmente, después de cenar, tomó el cáliz y dijo: «Este cáliz es la nueva alianza sellada con mi sangre; cuantas veces bebáis de él, hacedlo en memoria mía». Así pues, siempre que coméis de este pan y bebéis de este cáliz, anunciáis la muerte del Señor hasta que él venga.
Antes de la fiesta de la pascua, Jesús, sabiendo que había llegado la hora de dejar este mundo para ir al Padre, y habiendo amado a los suyos que estaban en el mundo, los amó hasta el extremo. Estaban cenando y ya el diablo había metido en la cabeza a Judas Iscariote, hijo de Simón, la idea de traicionar a Jesús. Entonces Jesús, sabiendo que el Padre le había entregado todo, y que de Dios había venido y a Dios volvía, se levantó de la mesa, se quitó el manto, tomó una toalla y se la ciñó a la cintura. Después echó agua en una palangana y comenzó a lavar los pies de los discípulos y a secárselos con la toalla que llevaba a la cintura.
Cuando llegó a Simón Pedro, éste se resistió:
-Señor, ¿lavarme los pies tú a mí?
Jesús le contestó:
-Lo que estoy haciendo, tú no lo puedes comprender ahora; lo comprenderás después.
Pedro insistió:
-Jamás permitiré que me laves los pies.
Entonces Jesús le respondió:
-Si no te lavo los pies, no podrás contarte entre los míos.
Simón Pedro reaccionó así:
-Señor, no sólo los pies; lávame también las manos y la cabeza.
Entonces dijo Jesús:
-El que se ha bañado sólo necesita la-varse los pies, porque está completamente limpio; y vosotros estáis limpios, aunque no todos.
Sabía muy bien Jesús quién lo iba a entregar; por eso dijo: «Vosotros estáis limpios, aunque no todos».
Después de lavarles los pies, se puso de nuevo el manto, volvió a sentarse a la mesa y dijo a sus discípulos:
-¿Comprendéis lo que acabo de hacer con vosotros? Vosotros me llamáis Maestro y Señor, y tenéis razón, porque efectivamente lo soy. Pues bien, si yo, que soy el Maestro y el Señor, os he lavado los pies, vosotros debéis hacer lo mismo unos con otros. Os he dado ejemplo, para que hagáis lo que yo he hecho con vosotros.
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