Lectura
del día: 1 de Abril de 2026
El Señor me ha dado
una lengua de discípulo
para que sepa sostener
con mi palabra al abatido.
Cada mañana me espabila el oído,
para que escuche como los discípulos.
El Señor me ha abierto el oído,
y yo no me he resistido
ni me he echado atrás.
Ofrecí la espalda
a los que me golpeaban,
mis mejillas
a los que mesaban mi barba;
no volví la cara
ante los insultos y salivazos.
El Señor me ayuda,
por eso soportaba los ultrajes,
por eso endurecí mi rostro
como el pedernal,
sabiendo que no quedaría defraudado.
Mi defensor está cerca,
¿quién me quiere denunciar?
¡Comparezcamos juntos!
¿Quién me va a acusar?
¡Que venga a decírmelo!
Sabed que me ayuda el Señor:
¿Quién me condenará?
Pues por ti sufro el insulto y la vergüenza cubre mi rostro.
Soy un extranjero para mis hermanos,
un extraño para los hijos de mi madre.
Me consumo por defender tu templo,
pero el insulto de los que te insultan cae sobre mí.
Los insultos me han roto el corazón y desfallezco;
espero compasión, y no la hay; nadie me consuela.
Me pusieron veneno en la comida,
me dieron a beber vinagre para mi sed.
Yo alabaré el nombre de Dios con cantos,
lo ensalzaré con himnos de gratitud;
esto agradará al Señor más que un toro,
más que un novillo con cuernos y pezuñas.
Vedlo vosotros, los humildes, y alegraos,
recobrad el ánimo, los que buscáis a Dios.
Porque el Señor escucha a los desvalidos,
y no rechaza a sus cautivos.
Entonces uno de los doce, el llamado Judas Iscariote, fue a ver a los jefes de los sacerdotes, y les dijo:
-¿Qué me dais si os lo entrego?
Ellos le ofrecieron treinta monedas de plata.
Y desde ese momento andaba buscando ocasión para entregarlo.
El primer día de la fiesta de los panes sin levadura se acercaron los discípulos a Jesús y le preguntaron:
-¿Dónde quieres que te preparemos la cena de pascua?
El contestó:
-Id a la ciudad, a casa de Fulano, y decidle: «El maestro dice: Se acerca el momento, y quiero celebrar la cena de pascua en tu casa con mis discípulos».
Ellos hicieron lo que Jesús les había mandado y prepararon la cena de pascua.
Al atardecer, se puso a la mesa con los doce, y mientras cenaban les dijo:
-Os aseguro que uno de vosotros me va a entregar.
Muy entristecidos, se pusieron a decirle uno por uno:
-¿Soy yo, Señor?
Jesús respondió:
-El que come en el mismo plato que yo, ése me entregará. El Hijo del hombre se va, tal como está escrito de él; pero ¡ay de aquél que entrega al Hijo del hombre! ¡Más le valdría a ese hombre no haber nacido!
Entonces preguntó Judas, el traidor:
-¿Soy yo acaso, maestro?
Y Jesús le respondió:
-Tú lo has dicho.
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