Lectura
del día: 16 de Marzo de 2026
Pues voy a crear un cielo nuevo y una tierra nueva; lo pasado no se recordará, ni se volverá a pensar en ello, sino que habrá alegría y gozo perpetuo por lo que voy a crear. Pues convertiré en gozo a Jerusalén y a sus habitantes en alegría; me gozaré por Jerusalén y me alegraré por mi pueblo, y ya no se oirán en ella llantos ni lamentos. Ya no habrá allí niños malogrados, ni ancianos que no colmen sus años; pues será joven quien muera a los cien años, y el que no llegue a ellos se tendrá por maldito. Construirán casas y vivirán en ellas, plantarán viñas y comerán su fruto.
Yo te alabo, Señor, porque me has librado,
no has dejado que mis enemigos se rían de mí.
Tú, Señor, me libraste del abismo,
me reanimaste cuando estaba a punto de morir.
¡Cantad al Señor, fieles suyos, dad gracias a su santo nombre!
Porque su ira dura un instante; y su favor, toda la vida:
por la tarde nos domina el llanto, por la mañana todo es júbilo.
¡Escucha, Señor, ten compasión de mí, Señor, ven en mi ayuda!
Tú cambiaste mi luto en danzas,
Señor, Dios mío, te daré gracias por siempre.
Pasados los dos días, Jesús partió de Samaría y prosiguió su viaje hacia Galilea. El mismo Jesús había declarado que un profeta no es bien considerado en su propia patria. Cuando llegó a Galilea, los galileos le dieron la bienvenida, pues también ellos habían estado en Jerusalén por la fiesta de la pascua y habían visto todo lo que Jesús había hecho en aquella ocasión. Jesús visitó de nuevo Caná de Galilea, donde había convertido el agua en vino.
Había allí un funcionario real, que tenía un hijo enfermo en Cafarnaún. Cuando se enteró de que Jesús venía de Judea a Galilea, salió a su encuentro para suplicarle que fuese a su casa y curase a su hijo, que estaba a punto de morir. Jesús le contestó:
?Si no veis signos y prodigios sois incapaces de creer.
Pero el funcionario insistía:
?Señor, ven pronto, antes de que muera mi hijo.
Jesús le dijo:
?Vuelve a tu casa; tu hijo ya está bien.
El hombre creyó en lo que Jesús le había dicho, y se fue. Cuando volvía a casa, le salieron al encuentro sus criados para darle la noticia de que su hijo se había puesto bueno. Entonces él les preguntó a qué hora había comenzado la mejoría. Los criados le dijeron:
?Ayer, a la una de la tarde, se le quitó la fiebre.
El padre comprobó que la mejoría de su hijo había comenzado en el mismo momento en que Jesús le había dicho: «Tu hijo ya está bien»; y creyeron en Jesús él y todos los suyos. Este segundo signo lo hizo Jesús al volver de Judea a Galilea.
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