Lectura del día: 6 de Marzo de 2026 




Primera Lectura : Gn 37,3-4.12-13a.17b-28

Israel amaba a José más que a los demás hijos, porque le había tenido siendo ya viejo, y mandó que le hicieran una túnica de mangas largas. Al ver sus hermanos que su padre lo amaba más que a sus otros hijos empezaron a odiarlo y ni siquiera lo saludaban.
Sus hermanos habían ido a apacentar las ovejas de su padre a Siquén. Israel dijo a José:
-Tus hermanos están apacentando las ovejas en Siquén; ven, que quiero enviarte adonde están ellos.
José continuó buscando a sus hermanos y los encontró en Dotán. Ellos lo vieron de lejos y, antes de que se acercara, se pusieron de acuerdo para matarlo. Decían:
-Ahí viene el soñador. Vamos a matarlo. Lo echaremos en cualquiera de estas cisternas, y luego diremos que una fiera salvaje lo devoró; a ver en qué paran sus sueños.
Al oír esto Rubén, intentando salvarlo de sus manos, dijo:
-¡No, matarlo no!
Y añadió:
-No derraméis su sangre; echadlo en esta cisterna que hay en el desierto, pero no pongáis las manos sobre él.
Lo dijo para librarlo de sus manos y devolverlo luego a su padre.
Cuando llegó José junto a sus hermanos, le quitaron su túnica, la túnica de mangas largas que llevaba, lo agarraron y lo echaron en la cisterna. Era una cisterna vacía, en la que no había agua. Después se sentaron a comer.
Alzando la vista, divisaron una caravana de ismaelitas que venían de Galaad con camellos cargados de aromas, bálsamo y mirra, en ruta hacia Egipto. Entonces Judá propuso a sus hermanos:
-¿Qué sacamos con matar a nuestro hermano y ocultar su muerte? Propongo que se lo vendamos a los ismaelitas sin hacerle daño alguno, pues es nuestro hermano y carne nuestra.
Sus hermanos asintieron; y cuando pasaban los mercaderes madianitas, sacaron a José de la cisterna, se lo vendieron a los ismaelitas por veinte monedas de plata, y éstos se lo llevaron a Egipto.

Salmo : Sal 104,16-21

Trajo el hambre sobre aquel país,
hizo que se agotaran todas sus reservas.
Por delante había mandado a un hombre,
José, que fue vendido como esclavo:
trabaron sus pies con grillos,
su cuello se vio preso entre cadenas,
hasta que se cumplió su predicción,
y la palabra del Señor lo acreditó.
Entonces mandó el rey que lo soltaran,
el dueño de pueblos, que lo pusieran en libertad;
lo nombró jefe de su casa,
y gobernador de todas sus posesiones,

Evangelio : Mt 21,33-43.45-46

Escuchad esta otra parábola: Había un hacendado que plantó una viña, la rodeó con una cerca, cavó en ella un lagar, edificó una torre, la arrendó a unos labradores, y se ausentó. Al llegar la vendimia, envió sus criados a los labradores para recoger los frutos. Pero los labradores agarraron a los criados, hirieron a uno, mataron a otro y al otro lo apedrearon. De nuevo envió otros criados, en mayor número que la primera vez, e hicieron con ellos lo mismo. Finalmente les envió a su hijo, pensando: «A mi hijo lo respetarán». Pero los labradores, al ver al hijo, se dijeron: «Este es el heredero. Vamos a matarlo y nos quedaremos con su herencia». Le echaron mano, lo arrojaron fuera de la viña y lo mataron. ¿Qué os parece? Cuando vuelva el dueño de la viña, ¿que hará con esos labradores?
Le respondieron:
-Acabará de mala manera con esos malvados, y arrendará la viña a otros labradores que le entreguen los frutos a su tiempo.
Jesús les dijo:
-¿No habéis leído nunca en las Escrituras: La piedra que rechazaron los constructores se ha convertido en piedra angular; esto es obra del Señor y es realmente admirable?
Por eso os digo que se os quitará el reino de Dios y se entregará a un pueblo que dé a su tiempo los frutos que al reino corresponden.
Cuando los jefes de los sacerdotes y los fariseos oyeron estas parábolas, comprendieron que Jesús se refería a ellos. Querían echarle mano, pero tuvieron miedo de la gente, porque lo tenían por profeta.

 
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