Lectura
del día: 3 de Marzo de 2026
Escuchen la palabra del Señor,
jefes de Sodoma,
atiendan a la enseñanza de nuestro Dios,
pueblo de Gomorra:
Lávense, purifíquense;
aparten de mi vista sus malas acciones.
Dejen de hacer el mal,
aprendan a hacer el bien.
Busquen el derecho,
protejan al oprimido,
socorran al huérfano,
defiendan a la viuda.
Luego vengan y discutamos
-dice el Señor-.
Aunque sus pecados
sean de un rojo intenso,
se volverán blancos como la nieve;
aunque sean rojos como la púrpura,
quedarán como lana blanca.
Si obedecen y hacen el bien,
comerán los frutos de la tierra;
si se resisten y son rebeldes,
los devorará la espada.
Lo ha dicho el Señor.
No te reprendo por tus sacrificios,
pues tus holocaustos están siempre ante mí;
pero no aceptaré un novillo de tu casa,
ni un cabrito de tus corrales.
Pero al malvado Dios le dice:
«¿Por qué recitas mis mandamientos,
y tienes siempre en tu boca mi alianza,
tú que detestas la corrección
y no tienes en cuenta mis palabras?
Esto haces tú, ¿y me voy a quedar callado?
¿Piensas quizás que soy como tú?
Yo te acuso y te lo echo en cara.
Entended bien esto los que olvidáis a Dios,
no sea que os destroce sin que nadie os libre.
El que me ofrece un sacrificio de alabanza,
es el que me da gloria;
al que rectifique su camino
yo le mostraré la salvación de Dios».
Entonces Jesús, dirigiéndose a la gente y a sus discípulos, les dijo:
-En la cátedra de Moisés se han sentado los maestros de la ley y los fariseos. Obedézcanles y hagan lo que les digan, pero no imiten su ejemplo, porque no hacen lo que dicen. Atan cargas pesadas e insoportables, y las ponen sobre los hombros de la gente; pero ellos no mueven ni un dedo para llevarlas. Todo lo hacen para que los vea la gente: exageran sus distintivos religiosos y alargan los adornos del manto; les gusta el primer asiento en los banquetes y los puestos de honor en las sinagogas, el ser saludados por la calle y que los llamen maestro. Ustedes, en cambio, no se dejen llamar maestro, porque uno es su maestro, y todos ustedes son hermanos. Ni llamen a nadie padre en la tierra; porque uno sólo es su Padre: el del cielo. Ni se dejen llamar jefes, porque uno sólo es quien los conduce: el Mesías. El mayor de ustedes será el que sirva a los demás. Porque el que se engrandece será humillado, y el que se humilla será engrandecido.
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